Jugar con las cartas de los otros

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“Entertainment and art are not, however, mutually exclusive. To the contrary, they walk together in lockstep” -Richard Walter 

La mayoría de películas de Hollywood pueden ser comerciales, light y algo sosas, pero sí hay algo que saben hacer bien en Estados Unidos es mercadear sus películas al punto de convertir un largometraje encasi ritos mundiales que cambian un día cualquiera en el mundo en un estreno mundial y se detiene el tiempo por una noche. Logran convertir películas insignificantes (en historia), con presupuestos de lo que remotamente podemos llegar a si quiera soñar en esta parte del mundo, en “las mejores películas”, según la opinión de muchos por su fuerza taquillera.

Seth Godin dice en su libro Linchpin muy acertadamente,

“If art is about humanity, and commerce has become about interactions (not stuff), then commerce is now about art, too”*

Los Vengadores se convirtió en la película más taquillera en Costa Rica. Esto no es un hecho aislado, ni algo que sucede por un golpe de suerte o porque tenía un guión y una historia tan trascendental que la mayoría del público costarricense sintió que su vida no tendría sentido si no veían la película. Se trata de maestros del marketing y millones de dólares empleados para que las buenas ideas de esos maestros sean realidad y  inversión surta efectos.

Fríamente, de eso se trata: recuperar la inversión, tener ganancias y seguir haciendo más películas poco trascendentales que inflen las billeteras de las productoras y distribuidoras de cine y por ende a Estados Unidos. Románticamente, para mí, el cine se trata de cambiar al mundo con las historias. Muy posiblemente, muchos y muchas de mis compañeras de mi generación guarden la misma ilusión sobre el arte. Además, yo sé que muchos han sentido mi rabia cuando sacan una película de tanda porque su taquilla no es buena y muy posiblemente, la película sea altamente superior a cualquier superheroe. Es lo que hay. No quiero satanizar la industrialización del arte, y tampoco idealizar mis posturas sobre el arte. Sin embargo, seriamente creo que deberíamos aprender mucho de ello. No se trata de hacer solo películas para recaudar millones de billetes verdes, pero tampoco se trata de hacer películas que vayan a ver 200 personas y que solo el 15% las entiendan. Los talentos sobran, pero hacen falta fuerzas que logren encausar las fuerzas de los ríos.

Es claro que combatir contra el monstruo de Hollywood es como una hormiga enfrentándosele a un elefante, pero su experiencia se podría usar más por acá. Particularmente, y en los últimos días me han preguntado en bastantes ocasiones, la razón por la cuál elegí Estados Unidos para especializarme en dirección de cine y no Cuba, y no Argentina, y no México… Yo, dejando de lado mi amor por lo latinoamericano, yo pensé que debe de haber alguna buena formula o buena formade hacer las cosas, tal vez, que les ha funcionado por tantos años y que deja ser al cine una de las industrias que más “incomes ” le deja a Estados Unidos. Y aunque suene bastante iluso, yo quiero descubrirlo y jugar con esas cartas, porque a veces uno necesita otras perspectivas para llegar a verdades.

*Si el arte se trata sobre la humanidad, y el comercio se ha convertido en lo que tiene que ver con interacciones [no de cosas], entonces el comercio se trata de arte, también.

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¡Muchas Gracias por todo, Hernán!

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Con todo la pena del mundo me tocó encontrarme con una noticia en el periódico Al Día sobre reclamos entre la producción y Hernán Jiménez, director de la película nacional El Regreso,  por falta de reconocimiento. La verdad sin pecar de dramática, esto más que cualquier otro sentimiento, me pone sumamente triste. Lo más deprimente de todo son las declaraciones de Jiménez, que terminan de confirmar en la superficialidad que vivimos en estos días.

No sé cuál es la situación específica de fondo; sin embargo, hay un mandamiento de vida que aquí se está ignorando por el director: uno SIEMPRE SIEMPRE tiene que ser agradecido con su equipo de trabajo, no solo porque se entregan a un proyecto tan agotador como lo puede ser una película, sino porque están creyendo en uno y en el talento que podemos tener, demostrándolo con el voto de confianza de dar su fuerza de trabajo. Esto no tiene precio.

Cuando uno trabaja en una producción cinematográfica por más pequeña que sea, siempre se deja una gran parte de uno en la misma. Aunque sean trabajos logísticos como los puede hacer una productora de campo o “jalar chunches” como a muchos nos ha tocado, se hace porque uno ama el arte. Nadie se mete en esto para ser millonario ni famoso, porque todos tenemos muy claro que en este país –huevito de codorniz- eso es irreal.

Muchos hemos trabajado gratis incontables cantidad de veces, otras veces nos pagan mal, y otra nos pagan bien; no obstante, ver el producto final en la pantalla  es el premio a todo el esfuerzo.

Lastimosamente, esto es una historia común en este “mundillo” de pocos. Se escuchan historias que repiten los mismo: productores y directores que “se hacen los locos” una vez con su producción en las manos. Es una posición muy cómoda, pero injusta.

Esto lo tomo como un golpe a todos los trabajadores que estamos detrás de las cámaras haciendo posible contar el relato. Un director es bueno en la medida en que su equipo de trabajo lo sea, y viceversa. Se necesita de un equipo de trabajo muy bien capacitado para que como una orquesta hagan posible sonar una melodía, si un instrumento falla, ya no es una bella composición.  Pero la melodía es gracias a un esfuerzo colectivo.

Don Hernán, los actores podrán ser la cara de la producción, pero sin todos esos que hicieron su trabajo de hormiguita, detrás de cámaras, para hacer la magia suceder; déjeme decirle que sus películas no existirían; por ende, usted sería un  cristiano más en la calle.

PD: En guerra avisada, no muere soldado

Mi Mandato: Contar Historias

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 Si yo fuera cineasta, me dedicaría a cazar crepúsculos.

Julio Cortazar

Siempre he querido pensar que el mundo puede cambiar, que las historias pueden mejorar, y que tenemos más y mejores cosas por decir. Idealista y hasta iluso, pero retador.

Yo creo devotamente, como se cree en Santos  y oraciones, que las películas cambian a las personas y que estas, a su vez, cambian el mundo.

El cine y el arte de contar historias son una de las mejores maneras de mostrar la realidad, o una parte de ella al menos, generar cambios en la sociedad y darle el valor a la gente, a través de las buenas historias, a soñar un mejor mundo. Me casé con un ideal romántico del cine, pero me obliga  a pensar y replantearme todo aquello que se quiero decir.

Sentirnos cautivados y transportarnos a una realidad alterna donde sólo la historia y nosotros existimos no solo es parte de la mágia del cine , sino una posibilidad que sólo los grandes contadores de historias  pueden lograr. Pecando de ilusa, y dejando de lado los sentimientos que me genera el buen cine, debo afirmar que la ficción nos ayuda a resolver temas de identidad, de vernos en la pantalla y de preservación de la cultura.

Cada quien utiliza el arte conforme a su necesidad. Debo admitir que yo utilizo el cine para cambiarme a mí misma, entender el mundo y sin sonar presuntuosa intentar cambiar algo en la sociedad. Tarea casi imposible pero noble.

Cada vez que vemos una película, creo que debemos preguntarnos cuánto nos hizo cambiar, cuánto nos movió emocionalmente, cuántas preguntas nos hizo hacernos, cuántas sensibilidades agitó, cuánto de nuestro mundo cambió y si seremos diferentes después de esa historia, porque el buen cine nos hace cambiar.