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 Si yo fuera cineasta, me dedicaría a cazar crepúsculos.

Julio Cortazar

Siempre he querido pensar que el mundo puede cambiar, que las historias pueden mejorar, y que tenemos más y mejores cosas por decir. Idealista y hasta iluso, pero retador.

Yo creo devotamente, como se cree en Santos  y oraciones, que las películas cambian a las personas y que estas, a su vez, cambian el mundo.

El cine y el arte de contar historias son una de las mejores maneras de mostrar la realidad, o una parte de ella al menos, generar cambios en la sociedad y darle el valor a la gente, a través de las buenas historias, a soñar un mejor mundo. Me casé con un ideal romántico del cine, pero me obliga  a pensar y replantearme todo aquello que se quiero decir.

Sentirnos cautivados y transportarnos a una realidad alterna donde sólo la historia y nosotros existimos no solo es parte de la mágia del cine , sino una posibilidad que sólo los grandes contadores de historias  pueden lograr. Pecando de ilusa, y dejando de lado los sentimientos que me genera el buen cine, debo afirmar que la ficción nos ayuda a resolver temas de identidad, de vernos en la pantalla y de preservación de la cultura.

Cada quien utiliza el arte conforme a su necesidad. Debo admitir que yo utilizo el cine para cambiarme a mí misma, entender el mundo y sin sonar presuntuosa intentar cambiar algo en la sociedad. Tarea casi imposible pero noble.

Cada vez que vemos una película, creo que debemos preguntarnos cuánto nos hizo cambiar, cuánto nos movió emocionalmente, cuántas preguntas nos hizo hacernos, cuántas sensibilidades agitó, cuánto de nuestro mundo cambió y si seremos diferentes después de esa historia, porque el buen cine nos hace cambiar.

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