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Con todo la pena del mundo me tocó encontrarme con una noticia en el periódico Al Día sobre reclamos entre la producción y Hernán Jiménez, director de la película nacional El Regreso,  por falta de reconocimiento. La verdad sin pecar de dramática, esto más que cualquier otro sentimiento, me pone sumamente triste. Lo más deprimente de todo son las declaraciones de Jiménez, que terminan de confirmar en la superficialidad que vivimos en estos días.

No sé cuál es la situación específica de fondo; sin embargo, hay un mandamiento de vida que aquí se está ignorando por el director: uno SIEMPRE SIEMPRE tiene que ser agradecido con su equipo de trabajo, no solo porque se entregan a un proyecto tan agotador como lo puede ser una película, sino porque están creyendo en uno y en el talento que podemos tener, demostrándolo con el voto de confianza de dar su fuerza de trabajo. Esto no tiene precio.

Cuando uno trabaja en una producción cinematográfica por más pequeña que sea, siempre se deja una gran parte de uno en la misma. Aunque sean trabajos logísticos como los puede hacer una productora de campo o “jalar chunches” como a muchos nos ha tocado, se hace porque uno ama el arte. Nadie se mete en esto para ser millonario ni famoso, porque todos tenemos muy claro que en este país –huevito de codorniz- eso es irreal.

Muchos hemos trabajado gratis incontables cantidad de veces, otras veces nos pagan mal, y otra nos pagan bien; no obstante, ver el producto final en la pantalla  es el premio a todo el esfuerzo.

Lastimosamente, esto es una historia común en este “mundillo” de pocos. Se escuchan historias que repiten los mismo: productores y directores que “se hacen los locos” una vez con su producción en las manos. Es una posición muy cómoda, pero injusta.

Esto lo tomo como un golpe a todos los trabajadores que estamos detrás de las cámaras haciendo posible contar el relato. Un director es bueno en la medida en que su equipo de trabajo lo sea, y viceversa. Se necesita de un equipo de trabajo muy bien capacitado para que como una orquesta hagan posible sonar una melodía, si un instrumento falla, ya no es una bella composición.  Pero la melodía es gracias a un esfuerzo colectivo.

Don Hernán, los actores podrán ser la cara de la producción, pero sin todos esos que hicieron su trabajo de hormiguita, detrás de cámaras, para hacer la magia suceder; déjeme decirle que sus películas no existirían; por ende, usted sería un  cristiano más en la calle.

PD: En guerra avisada, no muere soldado

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